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Capitalismo is good! (por Mr Soletilla)

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     El capitalismo, traducido hoy en día como liberalismo o neoliberalismo, reza que los actores activos de la sociedad, los empresarios, generarán los mejores productos con el fin de vender más cantidad de ellos y a través de la libre competencia ajustarán sus márgenes para hacerlo al mejor precio. Esta actividad a su vez haría que las empresas crecieran y que sus trabajadores aumentaran en número y sus sueldos subieran debido al beneficio que generaría la empresa.

     Esta es en esencia la ideología liberal que algunos actores políticos defienden a capa y espada, y como teoría parece tener sentido. Pero analicemos cómo acaban comportándose los distintos actores sociales.

    Es cierto que la competencia ha dado paso en efecto a un crecimiento científico y tecnológico nunca antes alcanzado, pero el sistema capitalista en el que se apoya dicho crecimiento ha generado monstruos abobinables.

     En primer lugar, la necesidad de vender cada vez más productos de una manera cíclica e infinita ha provocado que no se fabriquen productos duraderos, es decir, crear, por ejemplo, un teléfono indestructible no es bueno para el sistema, por tanto se ha llegado al punto de crear productos con fecha de caducidad forzada. Es a lo que llamamos obsolescencia programada. Reparar no es rentable, es mejor tirar y volver a comprar.

     En segundo lugar, la competencia obliga a bajar precios, eso ha provocado que las empresas busquen la manera más cruel de obtener materia prima barata sin pararse a mirar si los minerales son extraídos por niños o provienen de países con condiciones laborales miserables o en conflicto.

      En tercer lugar, la necesidad de reducir costes ha generado la necesidad de buscar mano de obra barata, primero rebajando las condiciones laborales de los trabajadores del país de destino del producto y por fin, cuando la necesidad de rebajar costes ha sido mayor, trasladando sus empresas a países en los que las condiciones laborales y los salarios sean míseros.

     En cuarto lugar, cuando el país propietario del recurso que se busca, dígase petróleo, coltán, etc, se niega a malvenderlo, el sistema pone en marcha su maquinaria para robarlo vilmente, bien desestabilizando el país para ponerlo en manos de un gobierno más propenso a vender sus recursos o, si no queda más remedio, generando un conflicto bélico como tapadera para robarlo. Los medios de comunicación ayudan a vender la legalidad de esa maquiavélica acción.

     Y por último, la ideología neoliberal que proclaman los actores políticos comprados por el capital, nos vende ideas idílicas sobre el resultado de reducir aún más los impuestos y las obligaciones de las grandes empresas, insistiendo en el gran beneficio que generarán para todos. Eso convierte a las empresas en las dueñas del mundo y la democracia queda como un teatrillo que interpretamos cuando vamos a votar.

     Al final, ese crecimiento de la riqueza que iba a chorrear hacia los trabajadores ha quedado en nada y el beneficio infinito se ha convertido en el dios moderno al que todos adoran.

     Pero eso no es todo. Aparte de la destrucción de los recursos naturales y de la miseria que el sistema exporta e importa junto a la contaminación que crece de manera exponencial, resulta que los empresarios no compiten entre ellos en realidad. Los empresarios que más dinero y poder han acumulado han conseguido influir en los gobiernos y comprarse partidos políticos y cargos públicos, de manera que las leyes que salen de los parlamentos son siempre favorables a ellos, y a poco que te descuides pactan precios de venta para ganar el máximo dinero posible pasándose por el forro la tan proclamada libre competencia. El paquete comprado por los poderes económicos incluye a los medios de comunicación que se dedican a vender como bueno el crecimiento de la cifra de ventas y que ocultan la pérdida de derechos laborales.

     Ningún índice nos mostrará nunca si la colaboración hubiera dado como resultado mejores productos, mejores condiciones laborales o menores daños al entorno natural. Competencia buena, colaboración mala, comunismo apocalipsis.

Mr Soletilla

 

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