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La Luz Morada – Parte 1

LUZMORADA

Era tan fácil ser ignorante que no me quedaba más remedio que serlo.

                Cierto es que había cosas que no cuadraban en la política del momento: corrupción, clientelismo, tratos de favor, tráfico de influencias… Pero un pensamiento automático saltaba inmediatamente en mi cerebro, un pensamiento que me susurraba “es normal, hay ladrones en todos los sitios, en todos los cestos hay manzanas podridas y por tanto entre la clase política también”. Era un pensamiento tan interiorizado que saltaba igual que salta la pierna cuando el médico te golpea la rodilla con el martillo provocándote el reflejo rotuliano. Pero tampoco les prestaba demasiada atención.

                Además estaba demasiado ocupado.

                En mi juventud mi tiempo lo copaban los estudios y la diversión, ¿quién iba a interesarse por la mierda esa de la política? Los políticos sabrían que hacer, ellos se ocuparían de todo, yo ya tenía bastante con mis asuntos. Entre curso y curso además podía enrolarme en alguna cuadrilla de vendimiadores o en alguna fábrica de la ciudad y sacarme un dinerillo extra para fiestas y ferias. Prácticamente podía trabajar cuando y donde quisiera, eran otros tiempos. ¿Qué iba yo a reclamarles a los políticos si jamás me había faltado de nada? Ni se me pasaba por la cabeza.

                Durante mucho tiempo seguí con la dinámica de compaginar estudios y trabajo, pero nunca por necesidad. Mi padre ganaba lo suficiente para que yo no tuviera que hacerlo, pero llegas a cierta edad en la que te da un poco de vergüenza pedirle la paga a tu viejo y, yo particularmente, prefería gastar en mis vicios mi propio dinero. Aún así seguía escuchando cosas, cosas de personas más o menos lejanas. Comenzaba a oír algún susurro lejano que decía que tal o cual persona no encontraba trabajo, que alguien lo estaba pasando mal, pero yo, incrédulo, seguía generando esos pensamientos aprendidos y automáticos “será que no lo busca lo suficiente”, “será que es una persona inútil”, me decía a mí mismo. Y así me quedaba satisfecho.

                Yo era de derechas, muy de derechas, sobre todo en lo económico. La lógica de la política de derechas (luego descubrí que se llamaba liberalismo o neoliberalismo) es aplastante: “Si un empresario pagaba pocos impuestos y se le ponían pocas condiciones para contratar o despedir a la gente, podría dedicar ese dinero a ampliar la fábrica y a contratar a más gente, de ese modo siempre habría trabajo para todos. Por eso para mí era imprescindible que el gobierno mimara a los empresarios, pues ellos eran el motor de la economía y los que creaban riqueza”. Bestial y totalmente lógico. Es lo que tenemos las buenas personas, que a veces creemos que todo el mundo es como nosotros y harán lo que nosotros haríamos en su lugar. En lo social estaba cojonudamente bien, a saber: varón, blanco, católico, heterosexual y sin minusvalías, todos los ingredientes para no necesitar más que un poco de espabilo para conseguir integrarme en una sociedad en la que esas características resultan muy favorables.

                 Yo era de derechas. Quizá nunca he compartido algunas cosas tan extremas como querer maltratar a los inmigrantes o a los homosexuales, nunca he comprendido esa maldad, pero era tan fácil creer en todo eso. Si encierras a un humano en una caja de cristal de color rosa, creerá que el mundo es rosa, y yo estaba encerrado en una caja opaca.

El pensamiento de un facha es perfecto, es como las matemáticas: que alguien no encuentra trabajo, es que no lo busca; que no hay suficiente trabajo, son los inmigrantes que nos lo quitan; que se acumula gente en la consulta del médico, es que el médico es un vago que no atiende con la suficiente velocidad y encima hay muchos inmigrantes; que si Franco hizo cosas buenas como los pantanos y la Seguridad Social; que si hubo una guerra muy mala entre dos bandos y fue justo que el que ganó se quedara con el gobierno; que si la derecha gestiona mejor la economía porque los ricos saben llevar las empresas muy bien; que si la igualdad entre hombres y mujeres ya existe y lo que ocurre es que las feministas quieren venganza; que si la homosexualidad es una enfermedad y hay estudios que dicen que tienen algo en el cerebro que se puede tratar; que si la extrema izquierda quiere derribar el sistema y llevarnos al caos… Es matemática pura para cerebros poco cultivados. Problema, solución y justificación de una sola tacada.

                Puedes resumir todo el pensamiento de una persona de derechas en un solo folio, la de un facha en una sola palabra: ODIO A TODO LO DISTINTO. Ese folio se convierte en una guía de vida cojonuda para cualquiera que no le falte de comer, una guía que proporciona respuestas rápidas y sencillas a problemas complejos, una manera de no pensar.

¿Es mala una persona con esta ideología de derechas? No necesariamente. Sólo es una persona ignorante. Como yo lo era. Pero si no la despiertas pronto, si la acorralas contra un rincón, esa persona ignorante puede llegar a gruñir y en último caso a morder, entonces se convierte en un facha, que es la manera que tenemos en España de llamar a los fascistas.

                Creo que nunca llegué a ser un facha en mi comportamiento, pero en mi cabeza sí que lo era. Pero todo cambió para mi bien y todas las cosas que leí, que conocí y que busqué me sacaron de mi ceguera, pero si no hubiera sido así quizá hubiera dado ese paso, quizá hubiera llegado a tener algún comportamiento violento contra alguien, porque en la mente de un facha el distinto es el enemigo, el que te quiere destruir, el que te quiere joder la vida, a ti y a los tuyos. No sé qué hubiera pasado, pero afortunadamente no fue así.

Continuará…

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