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¿Son los empresarios unos cabrones desalmados? (por Mr. Soletilla)

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      Sí pero no. Si, porque hacen lo que hacen, y no porque están obligados a hacerlo por el juego al que todos estamos jugando.

     Me explico. Todos vemos cómo se bajan salarios, cómo se empeoran condiciones laborales, cómo se pagan pocos impuestos y cómo se legisla siempre en detrimento de los trabajadores y en beneficio de las grandes empresas, ¿y qué hacemos?, pues aceptar que así debe ser porque cuando los empresarios ganan dinero supuestamente se crean puestos de trabajo. Luego vienen las catástrofes, la deslocalización, los despidos masivos, las quiebras y la miseria para todos.

     Es inevitable, como decía el gran Emilio Duró tu empresa va a quebrar, es sólo cuestión de tiempo. Tu producto se quedará anticuado, otra empresa lo ofrecerá de mejor calidad, se pasará de moda o simplemente lo que ofreces resultará inútil. Tu empresa va a quebrar, pero ¿qué tiene el empresario preparado para ti cuando eso suceda? NADA. Sin embargo estaremos de acuerdo en que el empresario no se quedará en la ruina y tendrá las espaldas bien cubiertas, y las tiene porque ha podido ahorrar gracias a tu productividad mientras tú vivías el día a día sin poder guardar ni un céntimo.

     ¿Son por tanto los empresarios unos cabrones desalmados?

     Repito: sí pero no.

     Convirtámonos en empresarios por un ratito.

     Vamos a ser propietarios de un bar, un bar que por nuestra buena gestión comienza a estar de moda y a tener éxito. Tenemos 3 camareros que cubren un turno de 18 horas a razón de 6 horas cada uno. Su sueldo es bastante decente pero no lo suficiente para que puedan ahorrar.

     Sigue el éxito y aumentan nuestros clientes y nuestros ingresos, entonces tenemos delante de nosotros la oportunidad de elegir: ¿aumento el sueldo a mis camareros?, ¿les mantengo el sueldo reduciendo su horario y contrato a otro más para que estén más descansados y tengan mayor nivel de vida? O… ¿abro otro bar con mis beneficios?

     Todos conocemos la respuesta: a los trabajadores les van a dar por saco y voy a expandirme para ganar más dinero, y así lo haré siempre que pueda. Ese es el juego, expandirse.

     Habrá quien diga que estupendo, que cuanto más bares abra más puestos de trabajo estoy creando. Pero sigamos con la vida de mi fructífera empresa.

     Cuando tengo sólo un bar y conozco a mis camareros, los que me están haciendo rico, me porto bien con ellos, pero cuando tengo muchos bares y mis trabajadores pasan a ser personas anónimas que conforman la cuenta de gastos es cuando me meto de lleno en el juego.

     Tengo 25 bares, con 3 trabajadores cada uno que cobran un sueldo decente por encima de convenio. Si les pagara justo lo que me pide la ley ¡ganaría mucho más dinero y sería legal! Por tanto, a partir de ahora se acabaron las subidas de sueldo conforme al IPC hasta que su sueldo se ajuste a la ley. Ni un euro más. ¿Y los horarios? 3 trabajadores cubren 18 horas a razón de 6 horas cada uno… ¿y si ese horario me lo cubrieran sólo 2 trabajadores por el mismo sueldo a razón de 8 horas cada uno y abro sólo las 16 horas más productivas?… ¡me ahorraría a 25 trabajadores!, ¡eso es una pasta gansa para mí y podría abrir otros 8 bares más!

     Ese es el juego principal. Ahorrar costes y maximizar beneficios para ganar cada vez más y más. El juego secundario es comparar mis cifras, es decir, mirar lo que ingresé el año anterior y ver lo que ingreso este año, y aumentarlo, bien ganando más o gastando menos. Nunca compararé la calidad de vida de mis trabajadores, sólo ingresos y gastos de mi empresa.

     Mis trabajadores viven bien, pero no pueden ahorrar, sin embargo yo ya tengo una pasta en el banco que me permitirá vivir sin aprietos durante el resto de mi vida. Entonces llega el momento: mis bares pasan de moda y mis clientes desaparecen. Entonces viene el cierre. Pago a mis acreedores con los locales comerciales y la maquinaria y a los trabajadores les pago lo que puedo con el resto, si es que queda algo.

     Así tengo 33 bares, que hacen un total de 66 personas en la calle sin sueldo y sin ahorros. Yo gano, ellos pierden.

     Al menos no he hecho nada ilegal.

     Ese es el final del juego. A eso estamos jugando todos.

     Nada de equilibrio, nada de mejorar vidas, nada de dar mejor servicio o mejor producto… nada de eso sólo balances contables.

Mr Soletilla

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