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CHEMNITZ: EL OCASO DEL MONOPOLIO DE LA VIOLENCIA

nazis

Juan Pajares Berges
María del Carmen Vasco Mogorrón

     El Ministro Presidente de la República Federal de Alemania Michael Kretschmer, perteneciente al Partido Unión Demócrata Cristiana, visita la ciudad de Chemnitz, escenario de la cuestión de si la fuerza y la violencia es un monopolio del Estado o si los ciudadanos tienen derecho a tomar las calles en actos de protesta no pacíficos para manifestar su disconformidad con la realidad que los circunda.

     Ubicada en un terrero que en su día perteneció a la extinta República Demócrata Alemana, es un secreto a voces que la orientación política de la ultraderecha siempre ha golpeado más fuerte en aquéllos rincones alemanes que entre 1949 a 1990 estuvieron bajo el control de la Unión Soviética.

     En este caldo de cultivo los sucesos se convierten en una excusa y las excusas se alimentan de los sucesos. El ataque mortal contra un joven de 35 años perteneciente a esta ciudad a manos de extranjeros, es decir, no alemanes, han encendido las pretensiones de ultraderechistas, los cuales están provocando todo tipo de disturbios en ese rincón de Europa en contra de las políticas de inmigración.

     Es indiscutible que cualquier demócrata va a penalizar este tipo de comportamientos ciudadanos; sin embargo, la denuncia no debe eclipsar la pregunta. ¿Qué hacemos cuando la mayoría de una población se levanta contra su realidad y no reconoce ya ni tan siquiera las órdenes de sus representantes políticos? El Estado defiende que sólo él ostenta el monopolio de la fuerza y de la violencia, pero el Estado no se compone de otra cosa que de personas elegidas por el pueblo, el cual deposita en ellos su confianza para que se cumpla la voluntad popular.

     El lugar en el que Daniel perdió la vida en esa madrugada premonitoria del 26 de agosto se ha erigido en el monolito que representa las nuevas inquietudes políticas del artificiosamente llamado pueblo europeo. Las flores que comenzaron a reposar en el lugar de su abatimiento ya no están frescas; pero las cuestiones políticas que se plantean golpean cada vez con más fuerza en el corazón de los habitantes de Chemnitz.

     El pueblo está agotado por la violencia y por la inseguridad ciudadana. Claramente se dirigen a sus políticos y amenazan con destituirles de su mandato representativo si no les arrebatan los cuchillos a los agresores. No a estos, sino a todos, pasados, presentes y futuros, especialmente extranjeros. El pueblo alemán de esta zona de Sajonia ya no concede tregua a los mandatarios ni dilaciones en la búsqueda de soluciones certeras.

     Cánticos y saludos hitlerianos han adornado las concentraciones ciudadanas de estos días en esa región europea. Al grito de “Fuera extranjeros” piden el inmediato retorno y devolución de todos los refugiados que fueron acogidos en territorio germano desde el año 2015. El pueblo desafía al Estado. El monopolio de la violencia estatal se pone en solfa. Si las pretensiones del pueblo no son satisfechas, los ciudadanos las harán realidad. Así de contundente es el mensaje a los políticos. Si la voluntad nace y reside en el pueblo, los mandatarios y representantes de la voluntad popular no pueden hacer otra cosa que lo que sus representados les dirijan.

     La que escribe estas líneas no es defensora de ningún movimiento ultraderechista. En realidad, no soy defensora de ninguna política extremista, menos violenta. Pero como ciudadana observo que en esta artificiosamente creada Europa los ciudadanos se están revelando contra la dictadura de Estados cuyos políticos, parapetándose tras un voto en unas urnas, creen ostentar una superioridad sobre las personas que legitimaron su status.

     Que la forma política de la democracia, tal y conforme la concebimos tras la Paz de Núremberg, se está desquebrajando como un edificio antiguo es una incuestionable realidad. Ante esta dicotomía política sólo se vislumbra una posible solución. O los ciudadanos de las distintas regiones de Europa empiezan a tener más capacidad de decisión sobre los asuntos que les afectan o nuestra paz artificial cosechará frutos de la violencia como jamás se han visto en tiempos pretéritos.

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