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Zapatillas nuevas (por Mr. Soletilla)

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     Mis deportivas ya estaban muy gastadas y decidí comprarme unas nuevas.

     Hacía mucho tiempo que no renovaba mi vestuario deportivo y daba por hecho que elegiría unas zapatillas cualquiera, las que más me gustasen por color, marca o diseño, pero al parecer ya no es así.

     Salir a correr ha cambiado mucho, ahora ya no se le llama footing, se le llama running, y la ropa para hacerlo ha pasado de la camiseta de publicidad vieja para sudar a tejidos de alta tecnología. Ante este panorama tienes dos caminos, seguir con la rutina que tenías en tus buenos tiempos de instituto y comprarte unas zapatillas en los chinos o en el mercadillo y destrozarte las rodillas y las caderas o informarte un poco y elegir el calzado adecuado para afrontar el reto de volver a ponerte a correr cual gacela silvestre.

     Y allí estaba yo, en la tienda de deportes, con una zapatilla que me había gustado en la mano buscando un lugar para sentarme a probármela cuando una voz me preguntó:

– ¿Puedo ayudarle caballero?

– No hace falta – le respondí al joven vendedor que me preguntaba

– ¿Juega Usted al tenis? – volvió a preguntarme

– Pues la verdad es que no, hago running – le dije tratando de hacerme el moderno

– Es que esas deportivas que se está Usted probando son específicas para jugar al tenis. – dijo él mientras yo me iba poniendo colorado de la vergüenza – Si lo desea puedo mostrarle algunos modelos específicos para hacer running.

     Seguí al chico por el pasillo con la sensación de que ya le había demostrado que era un perfecto gañán que trataba de pasar desapercibido. Llegamos a un mural en el que había decenas de zapatillas de todos los tamaños y colores.

– Gracias por ayudarme – dije sonriendo, dando por hecho que mi suplicio había acabado ahí. Pero no.

– Dígame Usted si es pronador o supinador – me soltó como si todo el mundo supiera qué era eso – quiero decir, – aclaró – ¿cómo pisa Usted el suelo cuando anda o corre, con el interior del pie, con el centro o con el exterior?

– ¡No lo sé! – dije yo apurado – ¡supongo que normal!

– No se preocupe – me dijo amablemente – es muy fácil de saber. Présteme un momento una  de sus zapatillas viejas.

     Me aflojé los cordones de mi ruinosa zapatilla izquierda, me la quité y se la ofrecí rezando para que no oliera demasiado mal.

– Mire, – me dijo – en la zona del talón y de la punta sus zapatillas están más desgastadas por el interior de la pisada, es decir, su pisada carga más peso en esa zona, por tanto es Usted pronador.

     Yo asentía con cara de interés ante ese nuevo descubrimiento sobre mí.

– Si la suela de su zapatilla estuviera más gastada por la zona central Usted sería neutro, – prosiguió – y si estuviera más gastada por el exterior del pie Usted sería supinador. – terminó de explicarme

– ¿Y qué tiene que ver eso para elegir unas nuevas deportivas? – le pregunté

– Muy sencillo – respondió él – hay modelos con más refuerzo interior para pronadores, modelos con refuerzo central para neutros y modelos con refuerzo exterior para supinadores. Dependiendo de cada persona será más conveniente uno u otro modelo, así evitará hacerse daño en los tobillos, las rodillas y las caderas.

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– ¡Vaya! – exclamé ciertamente impresionado – ¡Yo creía que eso daba igual!

– No – contestó él – todo es cuestión de información. Por ejemplo, no se puede ser pronador y neutro a la vez, se es una cosa o la otra. Lo más habitual es que la gente diga lo mismo que Usted ha dicho antes: “que es normal” – continuó explicándome – pero no existe “lo normal” en este caso, simplemente se pertenece a un grupo o a otro. Lo ideal, eso sí, es ser neutro, porque tener la pisada descentrada puede sobrecargar el resto de articulaciones, por eso se desarrollan zapatillas que corrigen la desviación.

     El vendedor no dejó de ser correcto conmigo ni un solo momento, pero se notaba que conocía muy bien el tema del que hablaba y que le gustaba explicarlo. Eso le daba cierto aire de superioridad.

     Pagué religiosamente mis zapatillas de pronador deseando salir a correr con ellas esa misma tarde. Entonces, mientras el vendedor introducía la caja en una bolsa dijo:

– Recuerde, todo es cuestión de informarse, – dijo en tono de sermón – y ahora todo el mundo tenemos acceso a toda la información sólo con mirar nuestro móvil. Todo el mundo está a un click de saber sobre cualquier tema antes de tomar la decisión equivocada.

     El tonillo paternalista que noté en el chico y la sonrisilla que se dibujó en su cara empezó a disgustarme, tenía la sensación de que me trataba como a un señor maduro y desinformado.

– ¿Puedo hacerte una última pregunta? – le dije

– ¡Por supuesto! – dijo él sin perder la seguridad

– ¿Tú eres machista, feminista o hembrista?

     El chico borró de golpe la sonrisilla de su cara y titubeando alcanzó a decir:

– Pues ninguna de ellas, soy normal – alcanzó a decir como si ya se supiera la respuesta.

– No existe lo normal en este caso,- le espeté – se es una cosa o se es otra. Coge el móvil, – le dije guiñando un ojo – todo el mundo está a un click de saber sobre cualquier tema antes de tomar la decisión equivocada.

Mr Soletilla

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