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Matrix (por Mr. Soletilla)

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     Ante su precaria situación, mucha gente se pregunta por qué no hay una revolución que acabe con la injusticia en el mundo o, al menos, en tu propio país.

     Históricamente ha habido muchos levantamientos populares contra la opresión, la exclavitud, la explotación, etc. levantamientos que consiguieron arrancar muchos de los derechos de los que disfrutamos ahora, pero a día de hoy sólo encontramos movimientos de protesta pacíficos, si los comparamos con protestas armadas o con, por ejemplo, llevar al Rey a la plaza y cortarle la cabeza. Los movimientos de ahora suelen acabar sofocados o ninguneados y mucha gente se pregunta por qué no tienen éxito o por qué no se suman a ellos muchas más personas.

     Hoy voy a descubriros una realidad que much@s ya conocéis: La sociedad actual está montada para que unos pocos vivan a expensas del trabajo de muchos, y para que esos muchos no se levanten contra esos pocos, esos pocos han desarrollado una maquinaria mediática que se mete hasta lo más profundo de tu casa y tu cerebro para controlarte y hacerte asumir que así son las cosas.

     Ahí tenéis la respuesta de por qué antes triunfaban las revoluciones y las protestas, simplemente porque esa maquinaria mediática aún no estaba tan completa y perfeccionada.

     Durante milenios se ha controlado a la población, normalmente con el miedo. Bien a través del miedo al más allá, al castigo físico, a la tortura, a la prisión, a la muerte, etc. se conseguía que las personas estuvieran quietecitas y sin protestar, pero a la larga la cosa siempre salía mal y los oprimidos acababan rebelándose contra el poder y tumbándolo.

     Ese hecho hizo que el poder tuviera que plantearse otra forma de control, una en la que la gente asumiera su miseria pero que no culpara de ello a los verdaderos artífices de la misma. Un modo de conseguir exclavos contentos, una manera de convencer a la gente de que eran dueños de sus propias vidas y de que su pobre existencia era el resultado de su mal comportamiento y su poco esfuerzo. El método para conseguirlo es simple y para nada nuevo: repetir una y otra vez mentiras hasta que se conviertan en verdad, y ahora que la tecnología permite hacerlo constantemente, el método se encuentra en su máximo esplendor.

     El método es casi perfecto, y digo casi porque hay una falla. Me explico.

     Casi todas las sociedades occidentales han adoptado el sistema democrático representativo para que los ciudadanos tengan cierta sensación de control y libertad, pero el sistema está trucado. Votar sirve normalmente para elegir entre 2 grandes partidos que en esencia, cuando están en el poder, hacen lo mismo: expoliar la riqueza que generan los ciudadanos y repartírsela entre ellos y los altos poderes que les financian las campañas de engaño electoral. Con pocas variaciones, un partido suele representar el conservadurismo y las orgullosas tradiciones para quienes están contentos con su vida, y el otro representa el progreso, el cambio y la promesa de mejora para quienes no están contentos con su vida, pero una vez que son aupados al poder, aflojan un poco la correa, hacen lo mismo con los dineros de todos y después vuelven a tensar la correa incluso más fuerte que antes.

     Con este sistema, la gente cree que elige, pero siempre elige lo mismo, sólo cambia el color del envoltorio. Para ello, los altos poderes utilizan los medios de comunicación de los que son dueños, para venderte su producto, y como siempre eliges A o B, no les inquieta que elijas.

     Pero ¿qué pasaría si apareciera un tercer actor que no dependiera de esos altos poderes? Nada, porque los medios pueden machacarlo o ningunearlo y, a las malas, puede ser absorbido por el sistema. El sistema dispone de “dulces caramelitos” para corromper a todo el que ose enfrentarse a él. A menos que haya alguien que no se deje comprar, que sea respaldado por mucha gente y que pueda sobrevivir a la maquinaria mediática que intentará aniquilarle. Pero ¿cómo escapar al acoso y derribo de esa tremenda maquinaria? La respuesta es utilizando otra maquinaria que ponga en cuestión la información envenenada que intentan venderte, con medios de comunicación alternativos que no dependan de los altos poderes, con la posibilidad de escuchar voces disidentes. Probablemente ahora mismo sostienes esa herramienta en tu mano y puedes informarte verazmente y decidir por una vez qué voz quieres escuchar para dejar de elegir siempre entre A o B o alguna de sus filiales.

     Esa es la falla del sistema, de ti depende aprovecharla.

     Desgraciadamente, a día de hoy, nos encontramos a una clase obrera pobre y desinformada que no piensa mucho en que sus decisiones políticas tengan efecto sobre sus vidas, una clase media menguante obsesionada con la adquisición de bienes materiales que no tiene gran interés en que cambien las cosas, y una clase alta de ricos y megarricos que juegan al Monopoly llevando al mundo al colapso climático y arrasando las vidas de millones de personas que nada les importan. Al mismo tiempo, el sistema se ha dotado de un amplio abanico de entretenimientos que logran que la gente no tenga ni un solo minuto para pensar.

morfeo

     Pero afortunadamente no todos los cerebros son iguales. Muchas personas saben que algo va mal, mucha gente, igual que Neo en Mátrix, sabe que la sociedad no funciona, que hay algo oculto, que caminamos hacia el abismo y, ante esa realidad insoportable, deciden tomar la pastilla roja y entrar en la madriguera del conejo.

     Lamentablemente la mayoría deciden seguir conectados a la Mátrix y la defienden a muerte. Pero, a veces, las historias no tienen el final que esperábamos y nos sorprenden con giros inesperados. A veces la batalla la gana el débil.

     “No te dije que fuera fácil, te dije que sería la verdad.”

Creo que me apetece ver Mátrix otra vez.

Mr Soletilla